Mónica Araya, la activista ciudadana al volante del transporte verde

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Lucha desde hace años por una Costa Rica más limpia, combatiendo los malos humos que las muflas expulsan hacia nuestras vidas. Una guerrera del clima que combate sin desmayo por un mundo mejor

Por: Daniel Zueras

Mónica Araya es una activista cívica en pro del clima. Desde hace años lucha por el ambiente desde la barrera de la movilidad eléctrica. Esta economista de la UCR, con un Doctorado por la Universidad de Yale en Gestión Ambiental, siempre ha sido la más verde en los ambientes “menos verdes”: los de la economía, una trinchera que escogió a conciencia, para tratar cambiar las cosas desde ese enfoque.

Salió a España siendo una niña y a Canadá como adolescente, algo que le hizo tener una visión y una vocación internacional, pero teniendo siempre un pie en Costa Rica.

Ha sido la gran impulsora de los carros eléctricos en nuestro país, siempre desde ese activismo del que hace gala. Poco a poco vamos viendo en nuestras calles vehículos sin muflas; y que eso sea la regla, y no la excepción, es el sueño de Mónica.

¿Qué momentos consideras claves para estar en la carrera de la movilidad eléctrica y para convertirte en lo que hoy eres?

Yo tengo una pequeña obsesión con los humos, me irritan. Cuando pasa un bus o un camión, y deja ese humo, no me deja tranquila. Para mí no es solo un tema de movilidad eléctrica, o tecnológico: es un tema de salud, de calidad de vida. He tratado de hacer cosas que tengan impacto en la gente, no solo en el ambiente en abstracto.

Estudié economía, trabajé en sector público, privado, académico, pero me encontré mi lugar en el activismo cívico. Es lo que a mí me gusta, trabajar con la ciudadanía.

¿Cuáles han sido los momentos más difíciles, en los que mayores resistencias te has encontrado?

La etapa  más difícil, sin duda, fue en el año 2013, cuando Costa Rica iba a hacer una refinería de petróleo, y en ese momento a mí me quedó muy claro que eso hubiera sido un error.

Fue cuando yo me di cuenta que había que hacerse activista; y en ese momento, hace cinco años, era difícil imaginar que íbamos para un mundo en el que el petróleo no iba a ser la única forma de alimentar el transporte. Hace cinco años la tenía muy difícil, porque parecía muy idealista, y me lo decían. Han habido dificultades, porque siempre hay resistencias, pero en este momento hay mucho más que me llena y me energiza, a cosas que me detienen.

En 2019 nos damos cuenta de que China (país impulsor de la mencionada refinería) es el país que más invierte en esto -energías limpias-, porque tiene el mercado de carros y buses (eléctricos) más grande del planeta.

¿Qué supone ser activista, una líder mundial en este tema?

Hay que ser muy profesional. No importa si uno trabaja en una ONG, en una empresa, o en el Gobierno; uno tiene que estar encima de la última tecnología, estar leyendo qué se está haciendo en otros países, y lo que tiene que hacer es tratar de conectar las soluciones a los problemas. ¿Por qué? Porque si no, en el debate ambiental hay una tendencia a centrarse en el problema. ¿Y quién debería solucionar ese problema? Lo que hacemos los que trabajamos en activismo profesional, la gente que se ha formado, decimos: ‘si hay este problema de contaminación, y este de cambio climático, y hay una tecnología cero emisiones que usa electricidad, tratemos de que esta tecnología sea parte de la solución’, sin pretender que esto va a solucionar todos los problemas ambientales del país.

Una de las cosas que más me gusta hacer es trabajar con gente joven que me dice: ‘quiero trabajar en temas ambientales, pero no sé cómo’. Entonces lo que les digo es que encuentren lo que les apasiona y que trate de ser la mejor persona en ese campo. Trate de estar con la gente que más sabe, trate de estar leyendo lo último; pero lo importante es que encuentre ese ángulo donde uno sabe que es el de uno.

¿Cuáles crees que han sido tus principales logros?

Me parece que una de las cosas que he logrado hacer (y algunas personas me preguntan cómo se puede hacer, porque les gustaría hacerlo), es que tengo como dos vidas: soy muy activa en Costa Rica, con Costa Rica Limpia, y aquí estoy en español, me dedico a la causa ciudadana…; pero en Europa tengo también mis redes, mis colegas, participo en iniciativas, hablo en inglés…, es otra vida. Siempre vacilo que tengo dos vidas, dos idiomas, y un esposo.

Es muy importante, al menos a mí me funciona, poder tener impacto en el país, pero también no pensar que lo único que importa es el país. No podemos pretender que Costa Rica es lo único que importa en el planeta.

He logrado hacer una vida profesional fuera, y tener una forma de generar una vida afuera que me permite financiar a veces eventos de Costa Rica Limpia, creo que eso es importante como modelo diferente.

Lo otro, a mí me parece que, en temas de la ciudadanía, es muy importante que hayamos podido crear un relato, porque la gente cree en las historias, entonces lo ambiental requiere historias, y la que nosotros comenzamos a contar hace cinco años fue: “el país que se liberó del ejército y que tiene la oportunidad y la responsabilidad de liberarse de los combustibles fósiles”.

Eso lo venimos trabajando cinco años: trabajo ciudadano, la Costa Rica sin petróleo, y nos ayudó la charla de TED, porque es un plataforma global.

A mí me ha tocado ir a Kazajistán, que no es ahí a la vuelta, sino del otro lado del mundo, y encontrarme a una persona joven, del Ministerio de Energía, que me dijo: ‘Yo sé de Costa Rica’ por esa historia, y que me dice: ‘Yo quiero hacer algo así en mi país’, a mí me parece que es un logro porque es una historia de un país pequeño que contó una historia grande.

Charla TED de Mónica Araya.

Tal vez desde un punto de vista estrictamente costarricense, para nosotros en Costa Rica Limpia ha sido muy satisfactorio sentirnos escuchados por un presidente joven que incorporó ese relato en su narrativa política. Si recuerdan, su discurso dio vuelta al mundo precisamente por esto de que vamos a ser un país que se libera de algo.

En las negociaciones de la Cumbre del Clima en París, se nos ocurrió hacer un reporte ciudadano con una cámara de un teléfono, algo muy barato, explicándole a la gente qué significa eso. Y nos dimos cuenta de que la gente quería, y lo escuchó. Para nosotros ha sido un logro descubrir gente que tiene esta hambre de que le expliquen y que agradecía y nos decían: ‘explíquennos más’; para nosotros ha sido muy satisfactorio encontrar ese público que quiere esa traducción, y que nos pregunta: ‘¿Y qué hago yo para ser parte de la solución?’.

Se habla de una doble cara de Costa Rica en materia ambiental ¿Existe, o se está solucionando?

No creo que la forma de contar la historia sea que hay dos caras. Yo lo veo como una paradoja: es una paradoja que el país que tiene renovables en su matriz eléctrica, mientras por otro lado tenemos transporte que usa un líquido extranjero, que viene de un proceso totalmente contaminante.

Ese uso de petróleo no es exclusivo de Costa Rica, todo el planeta usa ese modelo. No veo que tengamos dos caras, es una paradoja que este país haya tenido que irse sola y exclusivamente por el lado del petróleo.

«Ese uso de petróleo no es exclusivo de Costa Rica, todo el planeta usa ese modelo. No veo que tengamos dos caras»

Lo que digo es que dada esta paradoja, y dado que estas tecnologías ya existen, y dado que el sistema de transporte está quebrado, tenemos ante nosotros la oportunidad única de hacer una transformación para mejorar el transporte, pero que esa transformación sea limpia. Lo que le decimos a la gente es: ‘Esta es la gran tarea. No importa si usted es jovencito, mayorcito, hombre, mujer…’. Esto es algo que nos puede unir, porque como estamos desunidos en otros temas, vale la pena encontrar unos cuantos donde sí sepamos que nos podemos poner de acuerdo.

Creo que a nivel macro, todos los países van a tener dos vías. China, por ejemplo, es súper contaminante, y ve que a la vez es el que más invierte en renovables. Uno ve que es un país que tiene serios problemas de producción, y es el país que está produciendo más carros eléctricos.

Entonces, más que decir que somos todos hipócritas, que es como a veces se vende esto, creo que lo que estamos es en una transición muy interesante, donde lo viejo coexiste con lo nuevo, y nosotros tenemos que empujar lo nuevo.

El hecho de que Costa Rica haya tomado la bandera de la movilidad eléctrica, ¿podría atraer los ojos de algún grupo de inversión, o la escala del país no lo permitiría?

Esa es la prueba de fuego. Pienso que la descarbonización (que es una palabra fea, que no enamora, pero es importante) significa que el país va a tener una modernización de sus ciudades, de sus edificios, de su sector productivo con las mejores tecnologías.

Entonces, justamente, la prueba de fuego es que esa apuesta país sea reconocida a nivel económico, que pueda ser atractivo para negocios de última generación, con las mejores tecnologías, las mejores cabezas… Para mí, la frontera donde nosotros tenemos que atravesar y tener éxito, es la frontera del trabajo. Vamos para un mundo que se va a digitalizar cada vez más, donde va a haber mucha automatización, robots… El mundo va a cambiar, con o sin descarbonización. Entonces, el tema del trabajo es serio, si los jóvenes ahora no están conscientes de lo que viene, va a costar encontrar trabajo en cinco, diez, o 15 años.

Una de las cosas que más tenemos que hacer en Costa Rica, y creo que la gente joven debe ser parte de esta conversación, es cómo hacemos para tener un país exitoso, un país ambientalmente responsable, pero un país donde haya trabajo; porque si en Costa Rica no hay trabajo, podemos decir cosas muy interesantes desde el punto de vista ambiental, pero la gente joven no va a tener salarios. El tema laboral, trabajos verdes, trabajos del siglo XXI, para mí es una de las cosas más importantes que nosotros tenemos que poner en la mesa.

Mucho se está hablando del tren eléctrico, parece que va poniendo raíles ¿Lo ves realmente factible?

Creo que esta es la etapa donde más están alineadas las estrellas. Con la primera dama apoyando; ya es un tema público, del que se habla en las redes. Pero sabemos que ha habido un largo proceso en que se ha caído el tema del tren.

Yo, personalmente, pondría mucho énfasis en el tema de las concesiones de buses, de 2021; si hay una batalla ganable entre ahora y 2021 es cambiar los requisitos de los buses que van a renovar sus concesiones y que las van a tener por siete años. Para mí, eso es fundamental, porque es cambiar las reglas del juego, y sería la primera vez que se haría.

Por primera vez en la historia tenemos la tecnología de nuestra parte. Hace cinco, diez años, a lo único a lo que podíamos aspirar era a buses un poquito más limpios, ahora por primera vez podemos pasar a tener unos que no usan diésel. El tema de los buses eléctricos tiene un simbolismo de modernización que el país necesita, porque el transporte ha sido un traspié tras otro, y creo que nuestra auto estima urbana está bastante baja. Necesitamos algo que nos ayude a sentirnos mejor, porque la gente está muy apagada en la parte urbana.

Una de las cosas que más tenemos que hacer en Costa Rica, y creo que la gente joven debe ser parte de esta conversación, es cómo hacemos para tener un país exitoso, un país ambientalmente responsable, pero un país donde haya trabajo; porque si en Costa Rica no hay trabajo, podemos decir cosas muy interesantes desde el punto de vista ambiental, pero la gente joven no va a tener salarios. El tema laboral, trabajos verdes, trabajos del siglo XXI, para mí es una de las cosas más importantes que nosotros tenemos que poner en la mesa.

¿Alguna vez te sentiste en desventaja, dentro de tu carrera profesional, por el simple hecho de ser mujer?

Es una pregunta importante, porque creo que estamos contestándola como sociedad no solo en Costa Rica, si no en el mundo. Lo que observo es que hemos avanzado mucho y que no hay discriminación abierta, yo nunca he vivido una discriminación así, como: ‘usted es mujer, váyase de aquí’. Eso no.

Sin embargo, hay algo que se llaman los sesgos implícitos. ¿Qué quiero decir? Que la persona no viene a discriminar, pero discrimina; sin embargo, no lo reconoce porque se convenció que ese foro (todos hombres) con esos ocho ahí sentados, son los que saben. Entonces, alguien le dice: ‘Disculpá, pero este tema de energía tenés a ocho panelistas’. ‘Sí, es que son los que más saben’. ‘Pero, ¿Por qué no traés a una mujer?’ ‘No, porque mi rol no es promover mujeres’.

Los sesgos implícitos significan que todavía hay espacios donde si uno trata de que haya más diversidad de opiniones, la persona se vuelve y le dice a uno: ‘Mirá, seguí trabajando tus temas, pero no me salgás con esto del feminismo, porque vieras que eso sí me cae mal’.

Ahí es donde uno empieza a ver que todavía hay cosas en nuestra sociedad donde la mujer que tiene una opinión fuerte, se le dice: ‘Mejor no vayás por esa vía’. Eso lo he vivido cuando he mencionado a colegas que organizaron algo de solo hombres, ni siquiera es mi tema, pero lo sugiero para mejorar un foro…

Y lo otro, donde sí he sentido algo cultural en nuestro país (y no sé si las chicas más jóvenes lo viven, porque creo que el país está cambiando) es que, en Costa Rica, creo que hay algo que prevalece: lo de calladita más bonita.

A mí me pasaba mucho cuando era más joven que me abrían las puertas. Iba a una reunión y me invitaban, y todo iba bien si yo sonreía y estaba de acuerdo con todo. Pero si alguien decía algo que no solo estaba equivocado, sino que estaba profundamente y escandalosamente equivocado, y uno levantaba la mano y le decía de ver el tema de otra forma, ahí uno sentía que ahí se cerraba la puerta. Hay una invitación a participar siempre y cuando uno no cuestiona a los señores. Tal vez las personas más jóvenes, hombre y mujeres, ya no están en ese esquema, pero en mi generación, hace unos quince años, sí lo sentía.

Con la refinería me pasaba. Si yo promovía renovables, bien. Pero en el momento que yo decía ‘es que esa refinería no debería hacerse, me parece que es un error histórico’, ahí se me cerraron muchas puertas, y parte del argumento es que ‘no se te ve bien enojarte’.

Queda, es la parte que estamos trabajando, y creo que cada año estamos avanzando. Tal vez no al ritmo que quisieran todas las mujeres, pero yo sí veo avances. Eso es lo bonito. Y veo avances de hombres, nuestros aliados son los hombres, no es una cuestión de mujeres. Lo chiva de esto es que los hombres están entusiasmados, ellos quieren tener colegas maravillosas. Ya no es una cuestión de mujeres necias, es una cuestión de hombres que dicen: ‘Es que tal mujer es brillante, yo la necesito en el equipo’; y esa es la parte que a mí me ilusiona de la gente joven, que son más abiertos que mi generación, y ni qué decir que la que tenía antes.

¿Te sigue pasando, siendo ya una voz tan experta en la materia? ¿Todavía sientes que te pasa, o ya no, por ser una número uno?

Yo lo siento menos, pero sí he tenido que defender espacios para mujeres más jóvenes, a las que no quieren invitar por su edad. Y me pregunto si es por ser joven, o por ser mujer, porque sabe mucho, y entonces me ha tocado explicar que la perspectiva de esta persona es muy válida, y que además no solo es válida, sino que enriquece la conversación, porque todos estamos tratando de entender qué piensan los millennials. Sí me ha tocado ver que todavía existe esa barrera, pero yo creo que en este momento la ventaja de subir al cuarto piso (en referencia a los cuarenta años), e irse poniendo uno más maduro, es que uno cada vez está más claro en el propósito que uno tiene, entonces uno sabe que tiene que ir aunque a veces caiga mal.

¿Algún consejo para quienes están empezando?

Lo que le diría a las mujeres (algo que a mí no me dijeron, y que tuve que aprender) es que no es necesario caer bien. Nos han educado para que nos den aprobación, a ir a una sala y que todo el mundo esté de acuerdo con uno. Y de los consejos que me dio una mujer: ‘En el momento en que vos tengás opiniones fuertes y digás las cosas como son, vas a tener que aprender a vivir con gente que no solo va a estar muy en desacuerdo con vos, sino que no va a querer darte espacio, y no les vas a caer bien’. Eso de no caer bien en Costa Rica en general es algo que cuesta, pero a las mujeres nos piden todavía ser como más pura vida todo. Y está bien ser pura vida, pero ahora, a mi edad yo estoy más a gusto al llegar a un lugar y saber que hay gente que tal vez no le caigo bien, y ahora lo acepto, porque sé que es por una causa más grande.

He aprendido mucho de los nórdicos. Ellos tienen un formato de debate público donde hacen muchas preguntas. Me parece que en Costa Rica una de las cosas que ojalá la nueva generación pueda ir cambiando es que necesitamos elevar el nivel de los debates a cuestiones estrictamente del tema.

¿Que pasa ahora? Dicen algo de movilidad eléctrica o descarbonización, y uno dice: ‘No, pero en realidad la primera dama está muy comprometida’ Y ya te dicen: ‘¿Qué es, que te hiciste PAC Lover, o qué?’. Necesitamos hablar de los temas.

¿En qué figuras te fijaste en tu infancia y juventud? ¿Y en la actualidad?

(suspira) Qué curioso, porque no tienen nada que ver con lo que hago. A mí, sin duda, lo que cautivó casi mi devoción de niña fueron la historia de artistas, pintores.Hubo algo en el arte visual, mis heroínas en ese momento no era como decir ‘mirá, una científica’. Claro, puede ser que me ha hecho falta eso, que la educación que uno recibió necesitaba que le estimulara una mujer astrónoma, pero sí mi fascinación era con artistas, fueran pintores o escritores.

Si eso lo ponés en blanco y negro, da la impresión de que tuve una gran fascinación con seres humanos que tuvieran algo que decir; que alguien tenga algo adentro y tiene que expresarlo, pintar el cuadro, o escribir el libro, porque si no le da un patatús (ríe).

En la actualidad es más fácil, definitivamente en Costa Rica la historia de Christiana Figueres es muy importante para nosotros como costarricenses y como mujer. Es un referente.

A nivel internacional me parece que Gro Brundtlant tiene una historia increíble. Fue la primera mujer en ser primera ministra de Noruega, y a la vez fue una mujer que ayudó a catalizar todo el concepto de desarrollo sostenible. Esa noción de que uno tiene que combinar lo económico, lo social y lo ambiental, en ese momento era brillante, porque no lo hacían, era todo crecimiento a cualquier precio. Tuve la oportunidad de conocerla en persona en 2017.

¿Algo que te gustaría hacer?

Una de las cosas que a mí me gustaría hacer más es trabajar con niños, tal vez no niños de dos o tres años, si no los que están a punto de ser adolescentes. Me parece que es muy importante volver a lo básico.

Los niños, al menos en movilidad eléctrica, es cuando están como más puros, más orgánicos, lo entienden en tres segundos. Si pones dos carros juntos, uno con y otro sin mufla, el adulto te va a empezar a explicar por qué esto no va a cambiar y por qué yo quiero este porque es más cómodo, etc. Te va a tratar de explicar por qué el de la mufla es el que hay que tener. Pero si lo haces con cualquier niño de seis años, no hay forma (con ese olor, color, y esa cosa que sale de la mufla) que te diga que prefiere el de los humos. Lo que hemos notado en los festivales ciudadanos, donde te llega gente muy joven, tipo 14 años, que jalan al papá del brazo, ‘vea, aquí le traje a mi papá, porque está a punto de cambiar el carro y no cree en nada de esto’.

Entonces ¿Es más sencillo concienciar a los jóvenes?

Veo que la gente joven cuando están en su lado intuitivo, todo tiene sentido. Es más cuando ya empiezan a meterse otros factores donde ya empiezan a opinar como el papá.

En la sociedad están pasando cosas muy interesantes con nuestros temas, más verdes. Y es que, yo lo que observo es que estos temas calzan bien con gente razonable. Cuando vos decís: río limpio, transporte limpio, mar limpio, menos plástico, mejor calidad del aire… Hay que ser muy terco, de un lado o del otro, para decir ‘yo me opongo’. Hay que estar ya muy, muy neurótico políticamente hablando para hacerlo, ‘me opongo porque es gobierno’…

Una de las cosas que hemos visto en Costa Rica Limpia, que creo que es una lección que deberíamos poder hablar es que, por poner un ejemplo, uno hace una consulta ciudadana. Empieza a las 9 am y a las 7,30 am usted ve a dos señores de Heredia, arreglados. Es la gente que necesitamos, los que está invisibilizados por estos extremos, porque esas personas que nos están llegando es esa gente razonable. Cuando uno empieza a ver quién está llegando a las consultas: señoras urbanas, señores pensionados, tranquilos, jóvenes, vegetarianos, arquitectos… Si uno toma una radiografía de estas personas que nos llegan, no son la gente más rica, pero no es la gente más pobre que no tiene cómo comer y no va a ir a una consulta ciudadana un sábado.

En el fondo es clase media que intuitivamente dice: ‘La verdad es que a mí me gusta lo de las renovables, lo ambiental’.

¿Puede ser lo ambiental un factor de unión en una sociedad partida?

Pienso que es lo que más nos va a tocar hacer, ahora que el país está tan dividido. Como insistir mucho en que no nos vamos a poner de acuerdo en otros temas, pero en estos sí podemos.

Ahora no solo vamos a tener que lidiar con nuestros temas, sino que tenemos que en paralelo lidiar con la paranoia que hay con que nuestras causas son el problema. Es como lo están pintando: el problema del mundo es gente como nosotros. Eso es algo duro de digerir, porque es nuevo.

Antes teníamos que lidiar con el tema económico, cómo hacer sobrevivir una causa verde en un mundo que siempre le dice a uno que no hay plata para eso. Ahora, es eso mismo pero también es cómo hace uno para meter un gol trabajando en alianzas, cuando a la gente que es parte de esa alianza, la sociedad los encuentra profundamente ofensivos, por sus posiciones en otros temas.

Es lo que estamos tratando de descifrar en cada país, esa es la gran pregunta que se estén haciendo en EE.UU. ¿Cómo hablar de esos temas a los del otro lado? Pienso que hay algo muy valioso en no caracterizar al otro lado, en no ponerles etiquetas, porque nos reduce, son muy estrechas. Y creo que es importante no perder la humanidad que trae cada persona. Desde el punto de vista urbano me parece que algo que hay que trabajar mucho es buscar esos espacios donde las Costa Ricas se puedan mezclar. ¿Qué es lo único que nos está quedando en este momento? El fútbol, es el único espacio donde medio todos nos olvidamos de todo y estamos ahí con la Sele.

Pero desde nuestro punto de vista, de trabajo verde, movilidad eléctrica, tenemos que crear esos espacios.

Me parece que trabajar el tema del transporte público es importante porque es un lugar en el que va a haber físicamente representantes de las distintas costaricas sentados ahí, por una hora, codo a codo; además de ser importante para el aire, para el clima, para la modernidad.

Hay que crear esos espacios. El tren, por ejemplo, no es solo importante, es indispensable.

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

A mí me gusta mucho escribir. Entonces, por un lado me gustaría que me recordaran por cosas que he hecho, en el sentido de tener impactos: haber contribuido con un turismo cero emisiones, eso es algo que me ilusiona mucho, llegar a pensar que el país va a llegar a tener un turismo limpio… Pero desde un punto de vista más existencial, me encanta escribir, y me encantaría poder dejar algo escrito que sobreviva. Que ese poder de las palabras trascienda 2018, y que en unos años alguna persona de otra vida, y otra edad, encuentre algo que pueda leer y le haga un clic y le inspire. Eso, para mí, sería muy bonito, pero hay que escribir mucho.

Una de las cosas que más tenemos que hacer en Costa Rica, y creo que la gente joven debe ser parte de esta conversación, es cómo hacemos para tener un país exitoso, un país ambientalmente responsable, pero un país donde haya trabajo; porque si en Costa Rica no hay trabajo, podemos decir cosas muy interesantes desde el punto de vista ambiental, pero la gente joven no va a tener salarios. El tema laboral, trabajos verdes, trabajos del siglo XXI, para mí es una de las cosas más importantes que nosotros tenemos que poner en la mesa.

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